El montuno
Antes de que entre el ritmo, llega el anuncio al micrófono: se viene un son montuno. El aire se electrifica. La ronda en la que bailaba una pareja se disipa y se inicia una reconfiguración en el espacio. Rápidamente se van sumando los bailarines, negocian quién va dónde, se acomodan en filas. Miden las distancias entre sus cuerpos con los brazos extendidos. Entra el ritmo siempre elegante y arranca la coreografía, la primera fila guiando a las demás con signos y palabras. Cuando entra un montuno, el ambiente del baile cambia. Algo se abre, se arma, se va entrelazando entre todos. La coordinación, que se establecía entre parejas y se concentraba en las rondas, de pronto se extiende a un grupo creciente de personas y abarca un espacio cada vez mayor. No faltan las sonrisas, se siente bonito.
El género es un deleite creado por el músico cubano Arsenio Rodríguez a mediados del siglo pasado; Wikipedia dice que siendo heredero del son cubano, el son montuno sentó las bases para que surgiera la salsa en los 70s. En México se baila en montón, que es una costumbre de los bailes populares, en los que ciertos géneros o temas específicos se designan para el despliegue en conjunto, como “La Guacamaya” en el son jarocho, que convoca a las mujeres del fandango a zapatear en la tarima. Y vuelan, vuelan, vuelan las mujeres, como guacamayas.
En el ambiente sonidero, este acontecimiento es el montuno.
Toca armar uno para La vida verdadera…, queremos presentar este proyecto a los clubes de baile con los que nos hemos estado comunicando. La primera persona con la que hablamos es el sonidero, radialista y promotor cultural Pío Castellanos, como corresponde: durante años, Pío organizó un espacio para los clubes de baile en la explanada del Monumento a Lázaro Cárdenas, en el Eje Central de Ciudad de México, por el que pasaron todos los clubes de la ciudad. Algo extraordinario, realmente, que sucedió semana con semana hasta que cayó sobre el mundo sonidero el gran asedio del gobierno capitalino de 2015, decimando los eventos sonideros uno tras otro (ahora la situación es diferente). Con él consultamos dónde y cómo armar este encuentro, y nos decidimos por la explanada que tanto trabajó. Es Pío quien nos ayuda a sondear con la alcaldía y a decidir la estrategia para que no nos caiga encima la policía: nos vamos por un formato discreto, con un equipo chiquito. Si nos preguntan, decimos que es una reunión.
Uno a uno, vamos contactando por Whatsapp a los clubes con los que nos hemos ido relacionando a lo largo de los años, primero en medio de los bailes sonideros, después en las asambleas y al fin en los escenarios de los festivales e incluso del teatro. Cuando hablamos con Javier Palma, bailarín de Estrellas de la Salsa, se prende con la idea y se suma a la labor de convocar a los clubes; todos los días checamos una lista, nos aseguramos que hayan recibido las invitaciones, las guías de entrevista. Llega el sábado 20 de septiembre y se presentan 17 clubes en la explanada: llegan vestidos normales o con las playeras de sus clubes y poco a poco se van transformando, salvo los bailarines de danzón que aparecen de punta en negro, con cobratas y flores en su lugar. Espejitos por aquí, espejitos por allá. En la tarima del parque hay un grupo pequeño de bailarines que practica el huapango, un baile regional mexicano, y también trae equipo; generosamente, nos deja conectar el nuestro y armar un montuno y unas exhibiciones individuales.
A mediodía, Pío, que se las sabe de todas-todas, convoca a los clubes por el micrófono y arrancamos con ese montuno primero. Así en caliente, nos echamos de cabeza a ese momento que es tan radiante. Luego cada club es llamado y se presenta con un tema de su selección; bailan uno tras otro, registramos sin parar. Al final nos echamos otro montunito, por qué no, y entonces aparecen los policías, pero no para detener nuestra acción sino para documentarla con sus celulares. Están sonrientes. No hay pedo, dice Pío. También graba un turista que parece marciano y, obviando a los fotógrafos y a los propios bailarines, pasa determinado entre las filas deslizando el celular frente a sus caras. Qué pedo, decimos todos.
Al final, nos reunimos en un círculo para platicar sobre el proyecto y para que cada club nos comparta las razones que lo traen a esta explanada, las que lo llevan de baile en baile. Nos preguntan si se puede compartir en redes. Este proyecto trata de jugar fuera de las redes, les explicamos a sabiendas de que resulta extraño para el movimiento más pantalludo del mundo, pero aceptan.
Juega, por ahora. Luego a ver, y a entender.